Y no confundir con fotografía de aproximación, cosa muy distinta ya que esta última hace referencia a técnicas cuyo objetivo es conseguir fotografías de objetos aproximándonos con nuestra cámara a fin de obtener imágenes con una ampliación similar a la de la macrofotografía.
Con fotografía de proximidad quiero referirme a fotografiar todo aquello que tenemos tan cercano que a menudo pasa desapercibido.
Parece que hoy día sólo son buenas fotos las que se hacen cuando hay que ir muy lejos para conseguirlas. Así, por ejemplo, vemos muy exótica y bonita una fotografía de unos niños de una tribu africana sentados junto a la entrada de su casa. Pero parece que si trasladamos eso mismo a un pueblo a 5 kms de nuestra ciudad, ese exotismo y belleza se pierden. ¿Por qué? Es sencillo, porque estamos acostumbrados a ver escenas así, sin embargo nuestro cerebro no valora de igual forma aquello a lo que no estamos acostumbrados.
Con esta entrada pretendo que los lectores reflexionen un poco y se preocupen de fotografiar aquello que tenemos tan cercano y en lo que apenas nos fijamos ya que seguramente haya alguien a 2000 kms de distancia que sea capaz de ver algo exótico en nuestra vida rutinaria.
Empecemos por uno mismo. Nuestras casas, nuestra familia, amigos, barrio… son auténticas minas por explotar fotográficamente hablando. Si prestamos la suficiente atención podremos ver infinidad de detalles en las personas, en los edificios, en cada esquina, dignos de ser fotografiados. Vivimos en un mundo en el que el tiempo parece que se nos escapa al doble de velocidad de lo que tarda en llegar y no nos detenemos a mirar y admirar nuestro entorno. Debemos buscar la belleza donde creemos que no la hay. Somos fotógrafos y debemos intentar mostrar lo que vemos, tal como es, dotándolo de un lado más o menos hermoso, más o menos irónico, más o menos feo…
Un paseo por nuestra calle o por nuestro barrio es un proyecto muy interesante. Podemos buscar mercados públicos, parques, calles típicas con comercios de toda la vida. Y sin salir de nuestra ciudad tenemos miles de fotografías esperándonos. Sólo debemos plantearnos una meta, un objetivo: qué quiero fotografiar. Podemos tirarnos un día entero en una plaza concurrida de nuestra ciudad o pueblo y captar cada momento del día, distintos tipos de personas que pasan según las horas, cómo es la vida en ese lugar, cómo cambia la luz con el paso de las horas.
Debemos buscar nuestros motivos personales que definan un proyecto diferente, poco habitual: nuestros vecinos, los puestos de un mercado, una calle, un bar… Un ejemplo de algo así sería esta foto de un mercado de Málaga:

También podemos optar por una fotografía de tipo social o denuncia. Hay muchas ONGs que no tienen presupuesto para documentar sus actividades y seguro que un fotógrafo que les acompañe en alguna de ellas lo agradecerán, además de nosotros conseguir un reportaje interesante.
En definitiva, quiero que quienes lean esta entrada sientan cierta curiosidad por lo que he dicho, y les surja una inquietud por hacer algo diferente. Y quienes lo hagan, les invito a que pongan aquí un enlace a sus fotos para que todos podamos disfrutarlas.