Ya ha pasado todo el viaje, hemos disfrutado como niños recorriendo nuestro destino y haciendo unas cuantas fotos. Pero ahora viene el… ¿qué hacemos? Lo primero es reponerse del bajón de la vuelta a casa, y lo segundo madurar nuestro reportaje.Como siempre, habrá numerosos casos, pero que podemos resumir en los siguientes:
- Si nos hemos limitado a traer fotos de recuerdo sin ninguna otra pretensión, nos será suficiente con pasarlas al ordenador, darles algún retoque si somos de retocar las fotos, e imprimirlas en el mejor de los casos.
- Si nuestro propósito iba un poco más allá y hemos traído fotografías que queremos enseñar, pero sin centrarnos en ningún aspecto en particular del viaje, es casi seguro que nos molestemos en dar un repaso a las fotos, ver cuáles eliminamos, cuáles retocaremos, cuáles subiremos a internet (ya sea flickr, nuestra web o cualquier otro medio) e incluso imprimir aquellas que queremos que pasen a decorar nuestra casa o la de algún amigo o familiar.
- Pero si nos habíamos planteado el realizar uno o varios reportajes más a fondo, el trabajo es más duro. Éste será el caso en el que me voy a centrar.
Particularmente a mí me gusta dejar madurar las fotos. Cuando vuelvo de un viaje, vuelvo a casa con la idea de no ponerme a retocar fotos de forma compulsiva. Me limito a echarles un vistazo, ver los resultados ya en frío (en caliente casi todas las fotos nos parecen merecedoras de estar colgadas en un museo) y posiblemente retoque alguna que me guste en particular o que vaya a enviar a alguien porque me la “encargó”.
A la hora de hacer las selecciones definitivas debemos plantearnos la siguiente pregunta: ¿qué quiero contar o enseñar? Podemos hacer una historia de nuestro viaje, por lo que la selección de fotos será cronológica, o podemos contar con imágenes algo sobre un lugar en concreto, por lo que la selección la realizaremos con otros criterios.
Pasados unos días, en los que he conseguido asentarme de nuevo, ya empiezo con un flujo de trabajo. Reviso las fotos, la cantidad depende de las fotos que traiga y voy haciendo una primera selección: descartes de fotos que no me llamen la atención, que tengan defectos técnicos… Y por otro lado me voy quedando con aquellas que “posiblemente” retoque y pasen a formar parte de un portfolio o reportaje en concreto.
Una vez hecha esa primera selección, hago una segunda. Cuando tenía la galería en flickr, ahora en la web… siempre he evitado subir decenas de fotos seguidas que al final acaban generando un álbum con un exceso de fotografías que llega a cansar al visitante. Por tanto, realizo una, dos o las selecciones que hagan falta hasta quedarme con una buena colección de fotos que realmente llamen la atención pero que no cansen. Dependiendo del motivo fotografiado, procuro que el número de fotos esté entre las 5 y las 20.
Pero no olvidemos que la selección la haremos siempre con la pregunta de ¿qué quiero contar? en nuestra cabeza.
Si la decisión es contar nuestro viaje, lo normal es que nos centremos en un plano cronológico y organicemos las fotos por etapas o por días. Pero siempre teniendo en cuenta que lo que vamos a contar es un resumen de nuestro viaje, no una película sobre él. Quiero decir, que el número de fotos deberá ser contenido, y si nuestro viaje ha sido de siete días y hemos visitado dos ciudades, no podemos hacer un reportaje con 100 ó 200 fotos. Debemos dejar que quien vea nuestras fotos se quede con ganas de más. Si no lo conseguimos, es que nos hemos excedido y la selección no es la adecuada.
Si vamos a realizar reportajes sobre aspectos, lugares, personas, edificios… en concreto, la selección debe ser aún más exhaustiva. Vuelvo a hacer hincapié en lo que he dicho en el párrafo anterior: dejemos que la gente se quede con ganas de más, así habremos triunfado.
Como lo que queremos es que quien vea nuestras fotos parezca que ha estado ahí, vamos a darle toda la información necesaria mediante las fotos: vistas generales para contextualizar el resto de fotografías, detalles, momentos especiales…
Por ejemplo, recientemente he estado visitando las minas de Tharsis, y la selección ha sido una breve colección de 15 fotografías que podéis ver aquí. Ese número de fotos son más que suficientes para que quien las vea sepa qué hay, qué había, cómo está ahora, qué fue…
Si vamos a subir las fotos a alguna web o galería tipo flickr, no está de más nunca dejar algún texto explicativo.
Hecha la selección, es turno de realizar los retoques.
Ante todo tengamos buen gusto. No abusemos de los retoques que llamen más la atención que la propia fotografía. Si para llamar la atención debemos recurrir a HDRs excesivos, retoques demasiado elaborados… es que nuestra foto no tiene la suficiente fuerza por sí sola. El retoque debe ayudar a interpretar la foto, pero nunca debe estar por encima de ella. Huyamos de las técnicas de todo a 100 que encontramos en modo de acción para photoshop y hagamos que nuestras fotos sean únicas y no como salidas de una cadena de producción en masa.
Otro error en el que a veces incurrimos es que dentro de una misma colección de fotografías realizamos diferentes retoques: dos fotos en blanco y negro, tres en color, dos con una desaturación selectiva, cinco HDR y una en sepia. Con esto hacemos que el reportaje pierda la unidad y, por tanto, el significado.
Si hay fotos que creemos que deben tener un retoque especial, saquémoslas de su colección, no pasa nada. También podemos mostrar a nuestro público fotos sueltas porque consideramos que tienen la suficiente fuerza como para estar por separado.
Y por último, utilizando palabras del magnífico fotógrafo y maestro Óscar Molina, llega la socialización de las fotos, es decir, mostrar el resultado de nuestro trabajo. Subiremos las fotos a nuestra web, a alguna red social, a alguna galería… y esperaremos el feedback de nuestro público. Ello nos permitirá seguir avanzando y mejorando. Pero ante todo, unas reglas básicas:
- Nuestros padres, amigos… por lo general siempre van a decir que les encanta las fotos. Salvo que tengan bastantes nociones de fotografía, siempre les va a gustar lo que hagamos, por tanto, no suelen ser juicios realmente válidos.
- Quienes comenten nuestras fotos deberán argumentar, tanto para bien como para mal.
- Ante ciertas críticas del tipo: el encuadre no es el mejor, etc… recordemos que nosotros estábamos allí y, quizás, si no planteamos otro encuadre es porque no se podía. Hay quienes sientan cátedra sin conocer las circunstancias en que está hecha la foto, y quienes se limitan a intentar aconsejar. Olvídemonos de los primeros. No nos valen. Ah, y los comentarios tipo “fotón”, “preciosa”, “buenísima”… también los obviaremos, limitándonos a un “gracias”.
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Espero que estas entradas hayan resultado interesantes y útiles. Cualquier aportación o comentario será bienvenido.